Carencia y sueño.
Quizá te echo de menos
sentimiento
en el que estaba segura de
que no iba a vivir.
Ahora es diferente,
ahora merece la pena
y eso es lo que tengo,
pena.
Carencia y sueño
y tengo que forzarme
a recordar las cosas bellas de
la vida
o dejar
que vengas tú a recordármelas.
No me lo tendrías que decir
si estuviéramos juntas
carencia.
No me lo tendrías que decir
si pudiéramos tocarnos
sueño.
Merece la pena la
espera.
Toda mi vida he visto ese cartel
[ ESPERA ]
y he obedecido.
Esperar al siguiente turno,
el siguiente bus,
el siguiente avión,
la siguiente cita.
¿Qué se me puede decir
al dormir en la nada?
A eso se nos enseña mientras esperamos,
¿no?
Carencia y sueño tatuadas,
cada gota un diluvio
una caricia, una llama,
un abrazo, el sueño
en realidad
es despertar junto a ti.
Sólo quiero escribir poesía o convertirme lentamente en una enredadera que trepe por esta pared blanca. Sólo quiero florecer cerca de donde pasa la gente y nadie se para nunca a mirar. Sólo ser Violeta. angelvioletaserrano@gmail.com
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sábado, 14 de abril de 2018
Nuestre
Luz para una piel hambrienta de tacto,
un pequeño baile improvisado
mientras nos abrazamos.
Dejamos que el Sol se apague
como dos irresponsables
nos lloramos una encima de la otra,
el agua compartida era ésta.
Unos ojos que una vez clavados en el alma
ya nadie tiene fuerzas a sacarlos
y se suceden los besos uno a uno
en diálogo armónico
con risas de fondo
que desdibujan todo el decorado de velas
y ropa de mujer escogida con cuidado
tirada por el suelo.
Sólo hace calor y contacto y humedad
y una entretela de vigilia y deseo cumplido,
manos que se entrelazan la una con la otra,
miradas que se mantienen entretenidas
en detalles sin importancia.
Pieles entregadas,
decididas a no pasar hambre entre tanta ausencia,
entre tanta abundancia.
Decididas a destrozarse mutuamente,
todas aquellas espinas que nos crecieron con el tiempo
arrancadas una a una
así nos desangremos sobre las manos abiertas de la otra,
así crezcamos en la pequeña grieta que reclamemos
con nuestras comidas
y nuestro caminar descalzas,
besar los hombros,
decir claramente,
agua transparente,
mi casa, mi cuerpo,
nuestra casa, nuestros cuerpos,
y al fin
te quiero
sin miedo.
un pequeño baile improvisado
mientras nos abrazamos.
Dejamos que el Sol se apague
como dos irresponsables
nos lloramos una encima de la otra,
el agua compartida era ésta.
Unos ojos que una vez clavados en el alma
ya nadie tiene fuerzas a sacarlos
y se suceden los besos uno a uno
en diálogo armónico
con risas de fondo
que desdibujan todo el decorado de velas
y ropa de mujer escogida con cuidado
tirada por el suelo.
Sólo hace calor y contacto y humedad
y una entretela de vigilia y deseo cumplido,
manos que se entrelazan la una con la otra,
miradas que se mantienen entretenidas
en detalles sin importancia.
Pieles entregadas,
decididas a no pasar hambre entre tanta ausencia,
entre tanta abundancia.
Decididas a destrozarse mutuamente,
todas aquellas espinas que nos crecieron con el tiempo
arrancadas una a una
así nos desangremos sobre las manos abiertas de la otra,
así crezcamos en la pequeña grieta que reclamemos
con nuestras comidas
y nuestro caminar descalzas,
besar los hombros,
decir claramente,
agua transparente,
mi casa, mi cuerpo,
nuestra casa, nuestros cuerpos,
y al fin
te quiero
sin miedo.
martes, 20 de marzo de 2018
Algo desaparece. Nadie se pregunta por ello
Una mano caliente y otra fría atrapan mi cuerpo.
Desde el escaparate miro a la de verdad desayunar
y paso hambre de autenticidad.
Su gesto sutil y pleno.
Sonríe sin pensarlo por un segundo
y pienso en todas las guerras que he perdido
y que me han llevado a ser una esclava convencida.
Su mirar cansado de reflejo invoca procesiones internas
donde hay que lamentarse porque el muerto
no quiere llevar una camiseta de fútbol,
ni tampoco piensa que merezca la cortesía de un vestido
de flores sobre un fondo negro plisado.
Ahora cuando ella simplemente es
yo sólo puedo mirarla anonadada,
como si viera un milagro de la naturaleza
del que sé que no soy partícipe pero al que
arrogante,
aspiro,
lanzando mis brazos hacia delante
con la esperanza de abrazarme a algún árbol por el cuello
y desaparecer en mi cénit de locura
mientras aún crea que puedo ser mujer.
Ella persiste más allá de mi mirada
simplemente existiendo delante de mí.
Exhibición improvisada de divinidad despistada,
sin articular palabra
quedo sonriente y absorta
agradeciendo la bendición de una presencia
que me devuelva al umbral
desde el que llamar con urgencia
escapando de un lobo
al que nunca seré capaz de volver.
Después de la observación no quedan conclusiones,
el fenómeno ha desaparecido y se ha llevado consigo
la virtud de la experiencia.
Quedo yo, medio formada,
muralla a la que no le dio tiempo a defender nada
esperando ser algún día
los contornos de otro cuerpo bendecido,
las paredes de otra indiferente casa.
Desde el escaparate miro a la de verdad desayunar
y paso hambre de autenticidad.
Su gesto sutil y pleno.
Sonríe sin pensarlo por un segundo
y pienso en todas las guerras que he perdido
y que me han llevado a ser una esclava convencida.
Su mirar cansado de reflejo invoca procesiones internas
donde hay que lamentarse porque el muerto
no quiere llevar una camiseta de fútbol,
ni tampoco piensa que merezca la cortesía de un vestido
de flores sobre un fondo negro plisado.
Ahora cuando ella simplemente es
yo sólo puedo mirarla anonadada,
como si viera un milagro de la naturaleza
del que sé que no soy partícipe pero al que
arrogante,
aspiro,
lanzando mis brazos hacia delante
con la esperanza de abrazarme a algún árbol por el cuello
y desaparecer en mi cénit de locura
mientras aún crea que puedo ser mujer.
Ella persiste más allá de mi mirada
simplemente existiendo delante de mí.
Exhibición improvisada de divinidad despistada,
sin articular palabra
quedo sonriente y absorta
agradeciendo la bendición de una presencia
que me devuelva al umbral
desde el que llamar con urgencia
escapando de un lobo
al que nunca seré capaz de volver.
Después de la observación no quedan conclusiones,
el fenómeno ha desaparecido y se ha llevado consigo
la virtud de la experiencia.
Quedo yo, medio formada,
muralla a la que no le dio tiempo a defender nada
esperando ser algún día
los contornos de otro cuerpo bendecido,
las paredes de otra indiferente casa.
Disfraz de Abrigo
Saben hacer del frío un hogar
o no lo sienten realmente
y yo tiemblo en su presencia
por indiferencia quizá por ausencia
un calor que nunca llega.
Choco piedras, fragmentos de mi alma,
esperando que salte la chispa en mi interior
pero también yo albergo
mi parte de glaciar,
un perpetuo tiempo quieto
que horada impasible
las paredes de mi voluntad.
Y espero de elles un sol radiante
Siendo yo deidad pequeña y frágil.
En mi cabeza les obligo a pagar tributo
de entendimiento, paciencia y cariño,
justo las tres cosas que a una persona
no se le puede arrancar.
Quiero lo imposible
y voy dejando un rastro de escarcha
por donde voy pisando
con mis pies descalzos.
Me gustaría, como elles,
no entenderlo, no pensarlo,
y hacer con cuatro ramas mi palacio,
pero me obligaron a nacer bajo estrellas y lunas
que nada tienen que ver conmigo
pero que funcionan como vestidos de rayos
que por más que intente no me puedo quitar.
Es el universo, pues, quien da sin preguntar
un destino al que no hacemos caso
y se cumple sin remedio.
o no lo sienten realmente
y yo tiemblo en su presencia
por indiferencia quizá por ausencia
un calor que nunca llega.
Choco piedras, fragmentos de mi alma,
esperando que salte la chispa en mi interior
pero también yo albergo
mi parte de glaciar,
un perpetuo tiempo quieto
que horada impasible
las paredes de mi voluntad.
Y espero de elles un sol radiante
Siendo yo deidad pequeña y frágil.
En mi cabeza les obligo a pagar tributo
de entendimiento, paciencia y cariño,
justo las tres cosas que a una persona
no se le puede arrancar.
Quiero lo imposible
y voy dejando un rastro de escarcha
por donde voy pisando
con mis pies descalzos.
Me gustaría, como elles,
no entenderlo, no pensarlo,
y hacer con cuatro ramas mi palacio,
pero me obligaron a nacer bajo estrellas y lunas
que nada tienen que ver conmigo
pero que funcionan como vestidos de rayos
que por más que intente no me puedo quitar.
Es el universo, pues, quien da sin preguntar
un destino al que no hacemos caso
y se cumple sin remedio.
domingo, 4 de marzo de 2018
La Resurrección de la Mente o Intransigente
Y así nazco en alguien
desnuda
con recuerdo a bergamota,
llorando.
Y me tienes que soportar y mantener
porque todavía no puedo andar
en tu arena nueva madre
o padre
elección que soy, que eres,
que somos ahora recién nacida
en ti
me tomas con tus manos en aceite de coco.
Al empezar todo son lunas de miel
y no hace falta preguntarse
a qué huele el paraíso.
Pero yo no soy agradecida,
lo primero que traigo es una daga de cristal
que cuestiona cuánto tendré que sangrar
cada día de emasculación frente
a los que ya estaban.
Nazco en alguien, nazco en ti,
hemos tenido suerte,
ya no te tengo que mentir,
en ti ya tengo ombligo y yaga,
ya me sobra una costilla
ya me delata un beso
ya soy la plata y el olivo
de todas las expectativas que se tenían de mí.
Sudo rosa mosqueta
y me quiero olvidar de su amnesia,
me quiero abrazar a ti
neo-mamá, neo-papá,
no-bio-mamá, no-bio-papá.
Un yo nosotras aquí dentro
en tu ignorancia
sí nos vimos
y con paciencia esperamos
a que destilaran las lilas,
a sacrificar con el cuchillo de obsidiana
el cordero de mirada inocente e infantil,
para que el Moloch desconocido
nos permitiera unirnos
para poder nacer en ti,
como una vieja desconocida
que ya no necesita del kabuki
para bordar sonrisas
que brotan como dientes de león
aplastadas dentro de mi puño de niña
para bañarme de su esencia.
Y quizá en los detalles me escondo,
diablo pequeño,
para ir dejando un rastro retrospectivo,
para ocultarme a plena luz
bruja de mímesis
emparentada con los helechos
que envidia las gimnospermas.
Al nacer en ti
nos conocemos desde la planicie
y poco a poco voy generando
ante tu tacto
los valles de un pasado que nunca vas a vivir,
plétora de extrañas criaturas erguidas
que miran mi existencia con confusión,
y miedo,
e ira.
Me gustaría que vieras
que tu parto no es responsable
de esta herida
de la que brotan los lotos manchados
que sus bocas fantasma
tratan de perforar,
sus rostros sin ojos,
sus dedos sin uñas,
horadando hasta el tuétano
la efigie tumularia que fui.
no quiero que entiendas,
o quiero explicarte
que mientras nazco en ti
en otros muero muy adentro.
desnuda
con recuerdo a bergamota,
llorando.
Y me tienes que soportar y mantener
porque todavía no puedo andar
en tu arena nueva madre
o padre
elección que soy, que eres,
que somos ahora recién nacida
en ti
me tomas con tus manos en aceite de coco.
Al empezar todo son lunas de miel
y no hace falta preguntarse
a qué huele el paraíso.
Pero yo no soy agradecida,
lo primero que traigo es una daga de cristal
que cuestiona cuánto tendré que sangrar
cada día de emasculación frente
a los que ya estaban.
Nazco en alguien, nazco en ti,
hemos tenido suerte,
ya no te tengo que mentir,
en ti ya tengo ombligo y yaga,
ya me sobra una costilla
ya me delata un beso
ya soy la plata y el olivo
de todas las expectativas que se tenían de mí.
Sudo rosa mosqueta
y me quiero olvidar de su amnesia,
me quiero abrazar a ti
neo-mamá, neo-papá,
no-bio-mamá, no-bio-papá.
Un yo nosotras aquí dentro
en tu ignorancia
sí nos vimos
y con paciencia esperamos
a que destilaran las lilas,
a sacrificar con el cuchillo de obsidiana
el cordero de mirada inocente e infantil,
para que el Moloch desconocido
nos permitiera unirnos
para poder nacer en ti,
como una vieja desconocida
que ya no necesita del kabuki
para bordar sonrisas
que brotan como dientes de león
aplastadas dentro de mi puño de niña
para bañarme de su esencia.
Y quizá en los detalles me escondo,
diablo pequeño,
para ir dejando un rastro retrospectivo,
para ocultarme a plena luz
bruja de mímesis
emparentada con los helechos
que envidia las gimnospermas.
Al nacer en ti
nos conocemos desde la planicie
y poco a poco voy generando
ante tu tacto
los valles de un pasado que nunca vas a vivir,
plétora de extrañas criaturas erguidas
que miran mi existencia con confusión,
y miedo,
e ira.
Me gustaría que vieras
que tu parto no es responsable
de esta herida
de la que brotan los lotos manchados
que sus bocas fantasma
tratan de perforar,
sus rostros sin ojos,
sus dedos sin uñas,
horadando hasta el tuétano
la efigie tumularia que fui.
no quiero que entiendas,
o quiero explicarte
que mientras nazco en ti
en otros muero muy adentro.
sábado, 3 de marzo de 2018
Ritual para la Transmutación
Siempre hablar del dolor
anestesia.
Liberación a través del sufrimiento compartido,
vicariado.
Ir hacia la upatía o la omnipatía,
¿qué es el término medio?
Sin mí todo este dolor no tiene significado,
yo soy su madre y lo alimento con mis pechos
hartos de prolactina.
Su boca es insaciable e innegable,
mastica cada nuevo método terapéutico y tritura
cada progresión a sabiendas de que como parásito
matará a esta huésped.
Me caliento las manos en el fuego de plástico,
enveneno mis pulmones con la esperanza de
parecerle terrorífica al sufrimiento
y que me deje perderme en la ataraxia,
atiborrándome de manos que toquen mi cuerpo
sintiéndolo como un objeto vivo de la catatonia psicosexual.
Es ahora cuando debería escuchar el canto de las sirenas
y girar mi timón embelesada por su promesa
de carne arrancada del hueso y devorada ansiosa sobre
la playa de piedras.
Quiero respirar bajo el agua
para coordinar dos sensaciones de ahogo diferentes.
Quiero escindirme de la raza humana
y su concepto de la normalidad.
Fundar una nueva mitología en una isla
al norte de Irlanda
y que mis pezones lacrados reciban de frente
los vientos helados del mar.
Pintarme la cara de azul, verde o rojo
y huir, huir, ¡oh!¡huir!,
del calor de este dolor
echando tanto frío y tantas trenzas
enredadas de madreselva como haga falta.
Quiero que la chamán me meta mano
y saque de mí el líquido negro y aceitoso
reconocible e innombrable que me ha convertido
en lo que soy, quiero que me vacíe
para que deje espacio a sufrimientos nuevos.
Ballenas boreales nuevas sobre las que proyectar mis esperanzas.
Quiero morir y no que me maten,
que mis honores no sean que estuve viva.
Quiero que me entierren con las tetas al aire
y una semilla en mi ombligo,
la cara llena de símbolos que acojan y protejan,
que acompañen una nueva valentía
y una flecha en mi mano
que será mi feminidad lanzada al fondo de la tierra.
Sed vosotras, hermanas, testigo de que no seré un sacrificio,
de que escupiré en la cara de los mártires,
que sólo responderé ante la Luna y la plata,
no como dolor esta vez,
sino flor de alumbre.
anestesia.
Liberación a través del sufrimiento compartido,
vicariado.
Ir hacia la upatía o la omnipatía,
¿qué es el término medio?
Sin mí todo este dolor no tiene significado,
yo soy su madre y lo alimento con mis pechos
hartos de prolactina.
Su boca es insaciable e innegable,
mastica cada nuevo método terapéutico y tritura
cada progresión a sabiendas de que como parásito
matará a esta huésped.
Me caliento las manos en el fuego de plástico,
enveneno mis pulmones con la esperanza de
parecerle terrorífica al sufrimiento
y que me deje perderme en la ataraxia,
atiborrándome de manos que toquen mi cuerpo
sintiéndolo como un objeto vivo de la catatonia psicosexual.
Es ahora cuando debería escuchar el canto de las sirenas
y girar mi timón embelesada por su promesa
de carne arrancada del hueso y devorada ansiosa sobre
la playa de piedras.
Quiero respirar bajo el agua
para coordinar dos sensaciones de ahogo diferentes.
Quiero escindirme de la raza humana
y su concepto de la normalidad.
Fundar una nueva mitología en una isla
al norte de Irlanda
y que mis pezones lacrados reciban de frente
los vientos helados del mar.
Pintarme la cara de azul, verde o rojo
y huir, huir, ¡oh!¡huir!,
del calor de este dolor
echando tanto frío y tantas trenzas
enredadas de madreselva como haga falta.
Quiero que la chamán me meta mano
y saque de mí el líquido negro y aceitoso
reconocible e innombrable que me ha convertido
en lo que soy, quiero que me vacíe
para que deje espacio a sufrimientos nuevos.
Ballenas boreales nuevas sobre las que proyectar mis esperanzas.
Quiero morir y no que me maten,
que mis honores no sean que estuve viva.
Quiero que me entierren con las tetas al aire
y una semilla en mi ombligo,
la cara llena de símbolos que acojan y protejan,
que acompañen una nueva valentía
y una flecha en mi mano
que será mi feminidad lanzada al fondo de la tierra.
Sed vosotras, hermanas, testigo de que no seré un sacrificio,
de que escupiré en la cara de los mártires,
que sólo responderé ante la Luna y la plata,
no como dolor esta vez,
sino flor de alumbre.
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