martes, 13 de marzo de 2018

Principio de Irrealidad

    Una voz sin voces
a tope de volumen que grita conformismo.
Un existir sin ser reconocida,
sin existir más allá de ser el ejemplo de lo que no es real,
de vivir confundida
estando segura de lo que soy
que no cabe en los márgenes de lo que debo ser.

    Un espectro lo llaman,
para defender que todes cabemos,
a sabiendas de que los fantasmas no existen.
Los monstruos de feria que no dan miedo,
la exposición de trastornos sin tratar,
la patología del asesino de una misma,
un fundirse o muerte, o paliza o violación,
o carta de despido, o desahucio, o el insulto por placer.
Intercambio de cartas con recetas médicas,
intercambio de miedo a salir a la calle.

    Y se ponen a teorizar sobre lo que pensamos sin preguntarnos,
sobre lo que sentimos sin escucharnos,
sobre si debemos vivir
sin mirarnos,
sin comprobar que de verdad estamos vives,
que no somos una desviación estadística,
un flujo anormal de hormonas durante el embarazo,
un problema social a corregir
eliminando al perro y a la rabia...
sin limpiar después el cuchillo.

¿Qué nos queda por dejar intacto
para que lo puedan romper?
¿Qué es aquello que podemos llamar nuestro
sin que vengan a quitárnoslo como los niños mimados del parque?
Que lo nuestro es sólo amarnos,
amaros,
baños de luz,
armarios vacíos,
calles llenas de risa,
¿se entiende?

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